La información y el conocimiento son la base de la formación

El narrador publica mañana ‘El asedio’

El escritor Arturo Pérez-Reverte, bajo el Arco de El Pópulo, en el corazón del Cádiz antiguo.

El escritor Arturo Pérez-Reverte, bajo el Arco de El Pópulo, en el corazón del Cádiz antiguo.

(Alfaguara), una “novela de novelas” que tiene al Cádiz de las Cortes como telón de fondo · Perez-Reverte habla de sus dos años “de duro trabajo” y desvela algunas claves de la obra

Arturo Pérez-Reverte ha convertido a Cádiz en protagonista de El asedio, una novela que tiene como telón de fondo a la ciudad en tiempos del Doce. Un Cádiz que “fue la bisagra de un mundo que acababa y otro que empezaba”, relata el autor con un foco de nostalgia mientras recorre la capital gaditana.

“Todos los personajes de este libro son crepusculares, todos saben que su mundo se está acabando, todos se enfrentan a un tiempo nuevo”, precisa. Personajes. El corsario, la burguesa, el comisario, el salinero, el militar francés… “El asedio es una novela de personajes donde la Historia está de fondo. Claro que aparecen las Cortes, y los bombardeos franceses, y la vida cotidiana de la ciudad. Pero no con vocación didáctica sino como el marco donde van confluyendo todas las tramas”, aclara. “No es una novela ni histórica ni bélica”, sentencia por si cabe duda alguna.

Pero localizar un tiempo preciso, un lugar exacto, no es casual. Aunque reconoce que le “hubiera valido cualquier ciudad como Troya, el Madrid asediado del 36, la Zaragoza de los sitios, el Saravejo del año 90, el Leningrado de la Guerra Mundial…”, Cádiz le ofrecía “un montón de factores complementarios que lo hacían interesante”.

“Primero, el experimento histórico”, enumera el literato, que contempla al Cádiz de 1811-12 como “un símbolo de una España que nos impidieron que fuera y que, desgraciadamente, nunca fue”, una ciudad “con una burguesía liberal y comerciante” que reforzaba la idea de que la única aristocracia válida “era la del trabajo y del comercio, no una aristocracia de la sangre ni de la nobleza”. “Ese Cádiz fue un intento frustrado, como todas las cosas que hacemos en España, una frustración más”, se lamenta.

A esta tentativa se suma “el problema de los bombardeos franceses sobre la ciudad”, dice. Un desafío y una oportunidad para el periodista y escritor que plasma en su novela su “visión personal de las ciudades bombardeadas”, una teoría que desarrolló “en Beirut y en mi vida en los países en guerra”, cuenta. “Hay un plano de las ciudades, que no es el plano convencional, es un plano condicionado por las circunstancias, es decir, por el viento, por el sol, por el frío, por las bombas…”. Y es que las ciudades son “territorios especiales donde las condiciones irregulares, extremas, dramáticas, trágicas de la guerra” cambian la vida de la gente con su incidencia en el territorio.

“Yo quería una ciudad en la cual pudiera aplicar esas teorías. Y los bombardeos franceses me daban las claves. Las curvas de artillería desde la Cabezuela, desde el Trocadero, hasta aquí; los alcances; los lados buenos y los malos; cómo las bombas cambian las vidas de la gente, sus comportamientos, su manera de ver el mundo…”, idea.

Un mundo, el de la novela, sumido, también, en las sombras. “En realidad en la novela hablo de dos Cádiz. A medida que vas leyendo, vas entrando en otro Cádiz subterráneo. Es un Cádiz oscuro, que vive en sombras, un Cádiz de nieblas, de inviernos con vendaval, de amaneceres en los cuales se juntan la niebla y el mar, un Cádiz más inquietante y enigmático y mucho menos simpático que el Cádiz al que estamos acostumbrados”.

Si acaso no queda claro, ejemplifica: “Antiguamente la gente vivía en sombras, vivía a oscuras o con muy poquita luz. Ahora estamos acostumbrados a que se encienda todo, antes no era así, las ciudades eran oscuras. Eso yo lo viví en la guerra y navegando”. Un Cádiz sumido en la penumbra, “apenas con la luz de la luna o la luz de un farol a lo lejos”, que tiene “mucho que ver con la historia”, relaciona, intrigante.

Una historia que “no tiene etiqueta” porque es “una novela de novelas”. Es una novela policíaca, y de espionaje. Y sentimental. Y también es una novela científica. Y es una novela marinera. Y urbana. Es una novela sobre la topografía de la ciudad y, además, cada personaje simboliza una de esas tramas. Así, si algo caracteriza a este libro es su “complejidad”, una estructura “muy complicada” con “varias acciones” que se irán “relacionando”.

“Después de veinte años como escritor, todo lo que he aprendido, todos mis temas, están aquí de una u otra forma. Están desde La tabla de Flandes, hasta La carta esférica, El maestro de esgrima, El húsar…”. Es una novela “con mucha mala leche, muy dura, donde lo que hay de fondo son problemas del ser humano que ya apunté en El pintor de batallas. Una visión del mundo muy desoladora”, adelanta.

Un libro “muy arriesgado” y “muy difícil de escribir” que sometió al autor durante dos años. “Tuve que recurrir a todos mis viejos trucos, a toda mi experiencia, al haber sido puta antes que monja. Es una novela hecha con lo que las otras novelas me han enseñado. Y vuelve el ajedrez, el enigma, el misterio, la trama policíaca, el mar, las puntas de humor negro… Hay peripecia y un fondo que te deja dando vueltas a la cabeza”.

Una obra que afronta “con rigor” y “disciplina”, valora. “Con una novela complicada como ésta no se puede improvisar”. Por eso el autor de Territorio comanche antes planificó, estructuró y elaboró “una especie de plano de la novela y de la ciudad”. Así, cuando se puso a trabajar “cada cosa fue encajando donde estaba previsto”, se congratula. “También yo quería que mis personajes representaran todo el Cádiz de entonces: la burguesía, la administración, las Cortes, el ejército, la marina, la marina mercante, los civiles, los corsarios, la guerra en los caños, los bombardeos franceses, los propios franceses. Y no sólo Cádiz, está la provincia, salen Rota, El Puerto, Puerto Real, Chiclana y San Fernando”, avanza.

Pérez-Reverte no oculta el gran trabajo que hay detrás de este puzzle de mil piezas. “He leído todo lo que hay escrito sobre Cádiz. Periódicos de la época, documentos, he ido a las bibliotecas, he consultado mapas…”, repasa el escritor que, sin embargo, se ha “divertido mucho” en su labor de “reconstrucción”. “No sabéis lo que tenéis. No, no diría que es encanto, no. Es otra cosa, esta ciudad está fuera del tiempo, intacta. Al haber estado encerrada y al ser una isla, no ha cambiado. Cádiz es un museo de arquitectura del siglo XVIII al aire libre, no hay ningún lugar en el mundo así, bueno, hay algunas ciudades en América que recuerdan esto pero no hay ningún lugar como éste. Es un espectáculo moverte por esta ciudad. Es un monstruo, un organismo vivo”, describe.

Un Cádiz donde se mueve una obra coral en la que destacan “dos personajes”. El del policía, “un verdadero hijo de puta, como eran entonces, y así lo cuento” porque “lo que no voy a hacer es juzgar con la moral de ahora el tiempo de antes”, sentencia; y una joven de la burguesía gaditana. Un personaje “interesantísimo” como lo eran “las mujeres gaditanas de ese tiempo” con una educación “adelantada a su tiempo”, “bastante preparadas para su generación y para su siglo”, mujeres “de gran valía” pero “limitadas por una sociedad cerrada”. Una mujer que tendrá que ver, de una manera u otra, con un corsario, un militar, un salinero… Pronto lo veremos.

Fuente: granadahoy.com

A %d blogueros les gusta esto: