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Un simposio analiza la influencia que el escritor, viajero y diplomático norteamericano ejerció en una serie de artistas que acudirían a Granada fascinados por sus relatos y por el espíritu romántico

Washington Irving fue algo más que un diplomático y escritor romántico que se quedó fascinado por la Alhambra y por Granada. Ahora puede comprender que creó todo un movimiento de pensamiento en el mundo de su época y arrastró a muchos otros intelectuales hacia las cosas que le fascinaron. Ésa es una de las primeras impresiones que pueden extraerse del simposio Historia, estética y poética en la modernidad del Romanticismo: Washington Irving en la Alhambra, organizado por la Junta de Andalucía y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.

Se trata de un acto de una enorme trascendencia intelectual ya que al encuentro acuden expertos de universidades de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia y España y que coloca a la Alhambra en una nueva perspectiva. “Lo que pretendemos es analizar la relación entre la historia estética y poética de la Alhambra y la realidad romántica”, explicó ayer el responsable del simposio, Ignacio Henares Cuéllar.

“Se habla de Washington Irving como si fuese el único estudioso, viajero y escritor de la Alhambra”, señalaba por su parte Salvador García Castañeda, profesor de la Universidad del Estado de Ohio (EE UU), que ofreció la conferencia inaugural bajo el título de Washington Irving en la España romántica (1826-1846). “La realidad es que hubo un buen grupo de historiadores y viajeros contemporáneos suyos que fueron los que crearon en Estados Unidos un gran interés por los viajes y, sobre todo, por España”.

Fueron aquellos escritores románticos los que pusieron de moda las biografías de Cristóbal Colón o los Reyes Católicos y, sobre todo, por la lectura de El Quijote.
“Washington Irving fue quien comenzó esa tradición, desde luego”, añadió García Castañeda. “Es el padre de todos ellos. Fue quien abrió una tradición de estudiosos norteamericanos interesados por España, un país que hasta entonces había sido ignorado o había tenido connotaciones negativas”.

¿Y por qué surgió aquel interés por España? Para Salvador García Castañeda, la respuesta es clara. “Eso se produjo en una parte muy concreta de Estados Unidos, en el Este, ya que el resto del país estaba entonces en lo que hoy se conoce como el Far West. En ese pequeño rincón formado por ciudades como Nueva York, Boston o Philadelphia se produjo una vida cultural muy fuerte que procedía de Gran Bretaña. Y en Gran Bretaña ya existía ese interés. No olvidemos que la primera lengua a la que se tradujo El Quijote fue al inglés. También se estaba descubriendo a Calderón de la Barca”.

España llamaba la atención de la clase ilustrada norteamericana principalmente por su lengua, el castellano, que también estaba presente en Estados como Nuevo México, Florida, Colorado o Arizona. “España era, en cierto modo, el ‘vecino’ de Estados Unidos por su proximidad cultural”. La llegada de Washington Irving a Granada fue la que terminó de disparar la curiosidad.

Uno de los rasgos más característicos del Romanticismo era exagerar hasta lo indecible la realidad. De ahí aquellos cuadros y grabados de viajeros que retrataban una Alhambra absolutamente gigantesca y desproporcionada, o las leyendas y relatos que se escribían sobre el monumento, como los propios Cuentos de la Alhambra. “Se trataba de rasgos muy fantasiosos”, explicó García Castañeda. “Era una forma de evasión, de idealización. Para los hombres de aquella época, el mundo era aburrido y feo. La evasión era irse a la Alhambra, sentir los deseos del exotismo, de ocultación de la realidad. Cuando se pintaba, el refugio era la Alhambra, que representaba un paraíso, un mundo poético e idealizado. Pintaban la Alhambra no como es, sino como ellos querían que fuese”.

El simposio, que pone el broche de oro a los actos conmemorativos del Patronato de la Alhambra con motivo del 150º aniversario de la muerte de Irving, consta de cuatro mesas temáticas, una sobre la estética romántica, otra sobre Washington Irving, otra sobre viajes y leyendas románticas de la Alhambra y otra sobre el Alhambrismo.

Para el responsable del simposio, la figura de Irving sirvió para crear un modelo de secularización de la cultura que tendría unas enormes influencias en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX y que llegaría, incluso, a incidir en la arquitectura, que repitió por todo el mundo el orientalismo alhambreño. “Era algo que tocaba la sensibilidad de la sociedad burguesa de entonces”, señaló, “y fue más allá de la mera superficialidad”.
“Hay dos Alhambras”, agregó, “la arqueológica y la moderna. La Alhambra arqueológica la constituye el núcleo material de este excepcional patrimonio mientras que la segunda es de naturaleza intangible, espiritual y estética y representa un fenómeno de sensibilidad y apreciación artística excepcional y rotundamente moderno”.

Otro de los ponentes que intervinieron ayer, Francisco Jarauta, reflexionó sobre “las dos almas del siglo XVIII” a la luz de las investigaciones actuales sobre el Romanticismo y sus orígenes. Hasta entonces, el siglo XVIII había estado dominado por las ideas de la Ilustración y la Razón Pura, hasta que apareció una nueva sensibilidad que reclamaba, ante todo, la subjetividad antes las cosas. El alma romántica comenzó a verse entonces en obras como Werther, de Goethe, que reivindicaba el derecho a los sentimientos, o el Concierto para clarinete o el Requiem, de Mozart, que abriría las puertas a una nueva concepción de entender la música en la que el compositor dejaba de crear sobre reglas artesanas y comenzaba a dejar en la partitura los rasgos de su propia personalidad.

La aparición de los viajeros románticos, inspirados en los relatos de Washington Irving, haría que se descubrieran nuevos territorios y se encontrasen nuevos sueños.

El simposio, que se celebrará hasta mañana, cuenta entre sus asistentes con expertos como Javier Arnaldo, conservador del Museo Thyssen-Bornemisza, Diego Saglia, de la Università degli Studi di Parma, Marzenna Mioduszewska, de la Universidad Rey Juan Carlos, François Moureau, de la Sorbona de París, Pompeu Fabra, de la Autónoma de Madrid. También estarán presentes, en el acto de clausura, los profesores John Mackenzie, de la Lancaster University, o Rémi Labrusse, de la Université de Picardie.

Fuente: granadahoy.com

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