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Haití

El 17 de octubre de 1989, San Francisco sufrió un fuerte terremoto. Su magnitud fue de 7,1 en la escala Richter, muy similar al sufrido por Haití hace unos días (7,3). Murieron 60 personas. El 19 de septiembre de 1985 México fue golpeado por un terremoto devastador de una magnitud nunca vista, 8,1 grados en la escala Richter. La megapoblada y pobre Ciudad de México sufrió un golpe durísimo. El número de muertos ascendió a 7.000. Qué curioso: parece que morir en un terremoto es cosa de pobres.

Cuánto menos recursos tiene un país, más personas mueren. El de Haití, donde los muertos podrían llegar a 200.000, va camino de convetirse en el más letal de la historia. En Japón, un temblor de 7,2 grados de intensidad, como el del 17 de enero de 1995 en Kobe, provoca 5.600 muertos. En Haití, la tiembla tierra y los miserables bidonvilles , barrios de casas de hojalata, se demoronan como un castillo de naipes, como cuenta Liberation (francés). El mundo, en masa, ha acudido en masa a ayudar al primer país libre de América Latina. Pero dudo mucho que alguien del más alto escalafón vaya a la raíz del problema. Que nadie asuma la responsabilidad colectiva de la tragedia. Y mucho menos que reconstruyan el país con otro orden de relaciones con el mundo. FronteraD hace un interesante repaso histórico de Haití: “En 1790 la entonces Saint Domingue era el orgullo de las finanzas francesas. 12.000 personas libres –entre blancos y mulatos- gestionaban el trabajo de 500.000 esclavos. Las 13 colonias que entonces tenía Inglaterra (Estados Unidos) no generaban tantos ingresos a Londres como esta diminuta media isla”. Francia, que ahora pide condonar la deuda, sentó las bases de su desarrollo sobre la miseria de países esquilmados sobre Haití. Desde que el general Jean Jacques Dessalines declarase la independencia en 1804, 23 tiranos, inspirados en sus maestros franceses, desfilaron por el poder. Entre ellos, el clan de los Duvalier. François Duvalier, Papa doc, y su hijo Jean Claude, Baby doc, exiliado en su vida de lujo parisino, saquearon las arcas del país. Pero hay muchos más. La Casa Blanca ordenó una estupenda invasión de Haití en 1915, para pacificar sus ciudades, cobrar las deudas del Citibank y arreglar aquella Constitución que prohibía la venta de plantaciones a los extranjeros. No fue la única vez: papa Bush respaldó el golpe de Estado contra Jean-Bertrand Aristide en 1991 del general Raoul Cédras. Su hijo, Baby Bush, recortó la ayuda a Haití. Y , por qué no, apoyó otro golpe de Estado en el año 2004. Bill Clinton, el presunto salvador que apoyó la restitución de Aristide, apuntaló a la semi-isla obligándola a aceptar las duras medidas neoliberales que fracasaron en toda América Latina. Pero da igual. ¿Quien mejor que los gurús Bill Clinton y George Bush para ayudar a Obama en las tareas de reconstrucción de Haití? Quizá, para estudiar la hoja de ruta, deberían analizar el terremoto de 8,4 grados de maginitud que arrasó Sicilia en 1268, en la edad media a la que fue condenado a vivir Haití, esa era tenebrosa donde los pobres morían como cucarachas al más ligero temblor de la tierra.

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