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Ganadería en España

La actividad ganadera aporta en España en torno a un 40% de la Producción Final Agraria. Dicho porcentaje, que creció significativamente en el decenio de los sesenta, se ha mantenido prácticamente inalterado desde los primeros años setenta en el citado valor.

En el último tercio del siglo XX se ha producido un notable aumento de la densidad pecuaria, ha variado la composición interna de la cabaña e incluso su propia composición, pues ahora está formada por animales pertenecientes a razas autóctonas, a razas importadas y por animales mestizos resultantes de los denominados cruces industriales

Las nuevas prácticas pecuarias han hecho surgir explotaciones ganaderas cada vez menos dependientes de las condiciones agronómicas del medio, aunque dependientes de la importación de piensos. Esto ha dado lugar a una transformación de los espacios ganaderos que hoy pueden aparecer independizados de su entorno rural y acoger a una ganadería que, en unos casos, merece la consideración de aprovechamiento agrario, y, en otros, de utilidad industrial.

Ganado vacuno

Ordeñando vacas en una granja.

El ganado vacuno predomina en las regiones de la España húmeda, Cantabria, La Coruña, Asturias, Guipúzcoa,Vizcaya, Salamanca, Barcelona y Gerona, estas últimas especializadas en recría y cebo.

La capacidad del ganado bovino de aprovechar recursos pastables aportando carne, leche, cuero y trabajo ha sido aprovechada por el ser humano desde los albores de la humanidad. Así todavía en el mundo actual y en nuestro país se integran sistemas de producción tradicionales basados en el empleo de razas autóctonas adaptadas al medio con modernas formas de producción intensiva con las más avanzadas tecnologías.

El sector bovino nacional, en su doble aptitud cárnica y lechera, ha constituido históricamente uno de los pilares de la ganadería nacional, estando además íntimamente ligado al tejido social del medio rural. La tendencia registrada refleja en los últimos años una progresiva profesionalización de los ganaderos, aunque en detrimento de su número, y de una constante diferenciación en su orientación productiva.

En las vacadas se reemplazan las razas autóctonas – rubia gallega, morenas del noroeste, asturiana, tudanca, etc.-, que se explotaban a la vez para trabajo y carne o leche, por extranjeras de única y más selecta aptitud, de manera preferente la frisona para leche y la charolesa para carne; o se cruzan éstas con las oriundas para obtener ejemplares que se acomodan mejor a las condiciones naturales del país. En las explotaciones de ganado para ordeño se prefiere el régimen de estabulación. En las destinadas a carne, si son de raza autóctona o mixtas, se prefiere el régimen campero, aunque también completando la alimentación con pienso.

El censo actual de ganado bovino se sitúa en 6.463.547 animales, sobre una cifra aproximada de 1300 millones de reses a nivel mundial. Dicho valor sitúa a España como el tercer país de la UE-25 en número de bovinos. En España la carne y el ganado bovino suponen aproximadamente un 6,2% de la Producción Final Agraria (PFA), valor al que hay que añadir el de los productos que del bovino se obtienen destacando la leche que constituye un 6,6% de la P.F.A.[1]

Ganado ovino

Rebaño de ovejas pastando.

El ganado ovino presenta un mayor grado de difusión sobre la geografía española. Su área actual coincide con la tradicional. Tanto por densidad como por número de cabezas destacan Extremadura, Aragón, y las provincias de Ciudad Real, Zamora, Sevilla, Navarra, y Salamanca, que concentran casi la mitad de la cabaña.

La relevancia del ganado ovino radica en su triple aptitud productiva (leche, carne y lana), su frugalidad, resistencia y capacidad de adaptación.

Este ganado aún sigue un régimen exclusivamente campero, de aprovechamiento a diente del pastizal. Ya son pocos los ovinos trashumantes: quien no dispone de extensos pastizales propios para ellos prefiere desplazamientos más cortos, desde montañas, penillanuras y riberas a los rastrojos cerealistas de las llanuras.

En los últimos años se ha registrado una progresiva profesionalización del sector, en la que la producción de lana ha quedado relegada a términos residuales y en la que se ha profundizado en la especialización productiva de carne con los corderos y de leche en las zonas donde existe una prestigiosa elaboración quesera.

El ganado ovino español se presenta como uno de los más relevantes dentro de los países comunitarios por su importancia censal.

Ganado caprino

Rebaño de cabras en una granja.

El ganado caprino ocupó tradicionalmente las áreas montañosas del sur de España. Hoy día, estos animales han retrocedido, y en su lugar han surgido rebaños, al amparo de las subvenciones comunitarias. Las mayores densidades y efectivos se encuentran en Tenerife, Málaga, Sevilla, Cádiz, Almería, Murcia y Granada.

En España, el ganado caprino ha estado siempre íntimamente relacionado con el ovino tanto desde el punto de vista productivo como socioeconómico, lo cual explica el que en múltiples foros sean frecuentemente analizados de manera conjunta. Existen no obstante notables diferencias productivas dadas las particularidades fisiológicas de esta especie.

Las cabras han sido tradicionalmente explotadas para la obtención de carne, leche y cuero. Como en el caso del ovino, en los últimos años hemos asistido a una progresiva profesionalización del sector, en la que se ha profundizado en la especialización productiva carne/leche, aprovechándose no obstante igualmente la piel. Las producciones nacionales rondan las 500.000 t de leche empleada principalmente para la elaboración de quesos puros o de mezcla en su mayoría mediante venta a industrias, y alrededor de 15.000 t de carne en 2005, fundamentalmente procedente del sacrificio de cabritos lechales.

Ganado porcino

Cerdos en una granja.

Tradicionalmente, en toda España, el cerdo ha estado íntimamente ligado a la economía familiar del medio rural, constituyendo la cría de un escaso número de animales, una importante actividad complementaria de la misma. Tal relevancia se refleja en la propia gastronomía de todas las regiones del país, donde el consumo de carnes frescas y de múltiples productos cárnicos forma parte de nuestro acervo cultural.

El ganado porcino estuvo unido a las grandes dehesas del occidente y suroeste peninsular, donde se criaba en régimen de montanera. Actualmente están recuperando su importancia pasada y los productos del cerdo ibérico, alimentado en la montanera a base de bellotas – de pata negra – tienen prestigio y altos precios.

Por otra parte, en las provincias de Barcelona, Lérida, Segovia, Murcia; Gerona, Huesca, Castellón y Toledo se concentra la industria chacinera y reúnen el 50% de los efectivos porcinos de razas no autóctonas sino extranjeras, de gran producción cárnica; y criados en régimen de estabulación.

Dadas sus características zootécnicas (fisiológicas, patológicas, nutricionales, de manejo, etc.), la porcinocultura ha alcanzado, junto con la avicultura, el mayor grado de industrialización y de intensificación productiva de las distintas especies de abasto. Ello ha acarreado la desaparición o casi desaparición de las distintas razas autóctonas pertenecientes al tronco céltico –de capa blanca– y del tronco ibérico –de capa negra–. No obstante, este último tronco racial ha logrado recuperarse hasta alcanzar aproximadamente el 10% del censo nacional gracias a la elevada calidad de los productos cárnicos derivados y a la superación de antiguas barreras sanitarias que limitaban nuestro acceso a los mercados exteriores. Por el contrario, el tronco céltico ha sido completamente sustituido por híbridos industriales obtenidos a partir de razas blancas de origen europeo.

Actualmente, España es, tras Alemania, el segundo productor comunitario con una cabaña en diciembre de 2005 de 24.884.022 cabezas. Es además un sector fuertemente vertebrado (con un alto grado de integración vertical), industrializado y con un alto grado de asociacionismo, en ocasiones muy ligado a la industria transformadora, y que supone alrededor del 31,34% de la Producción Final Ganadera (P.F.G.) y del 10,/% de la Producción Final Agraria (P.F.A.), contribuyendo a ambas producciones con unos 4.213 millones de euros.

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